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05/15/2006: "La escapada rondeña (2 de 3)"
mood: 2000 años nos contemplan
Acinipo es la gran desconocida. La ausente de los libros de texto. La joya perdida en la sierra. No fue Mérida ni Tarragona. Muy lejos de Itálica y Astorga. Dicen que nuestros cromañones ya habitaron su colina y que los fenicios (siempre presentes, siempre eternos) descubrieron su magia. Pero no fue hasta la llegada de los hijos de roma en que la para mi mal llamada Ronda La Vieja vio sus días de explendor. El vino era su vida y las rutas a la costa sus venas. Un pequeño asentamiento que acúó moneda y fue inmortacizada en los textos clásicos por la pluma de Plinio ¿el viejo o el joven?
Solo su teatro ha llegado a nuestros días. Diminuto desde la base de la colina, va tomando su caracter imponente en el transcurso de la subida, que si la haces con un "pitufo" de 11kilos en tus brazos, te parece titánico cuando alcanzas su base. Sorpresa cuando lo observas e intentas ponerte en el papel de aquel buen constructor del siglo I A.C. que se enfrentó a semejante reto. Desde su estrado me invade un traicionero espíritu lírico que me hace recitar para mis adentros eso de...
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida;
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer;
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer;
cualquier tiempo pasado
fue mejor
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida;
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer;
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer;
cualquier tiempo pasado
fue mejor
... y vuelta a la realidad miro al tornado saltar por el estrado como una cabra montesa y al huracán mirandome fijamente como si me leyera el pensamiento e improviso de aquella manera:
... mas cualquier tiempo futuro habrá de demostrar:
no hay mayor sin sentido que el pasado
pues quitando el recuerdo, nunca nada volverá
Y el infante me sonrie y empieza a balbucear esa mezcla de arameo y neopúnico que tanto mi inspira aunque no lo entienda.
Obvio en recomendar lo evidente ante la inteligencia arrolladora del escapista vocacional.

