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01/13/2007: "De desapariciones y mandos a distancia"
music: Video Kills the Radio Star - version Presidents of the USAmood: Perdidos
El mando a distancia de la tele se ha convertido en el Anillo Único de nuestras vidas. Y aunque esté el del DVD, el del video (cada día más en deshuso), el de la tele digital (o teles digitales ;-) ), el del equipo de hi-fi o el de la video-consola, el de la TV siempre impone su ley. El que domina el mando, domina los habitos televisivos de la familia y eso, a la larga, te hace vivir en uno u otra vista del siglo XXI. De ahí que la desaparición del mando de la tele, ponga en estado de máxima alerta una casa a la hora de la cena. Y eso fue lo que aconteció en casa hace dos noches.
Como es habitual, el zafarrancho de las ocho de la tarde pone mi casa patas arriba. Se bañan los pequeños, se preparan cenas y vestimentas para el día siguiente y se revisa la bolsa para la guardería como si se tratase de un equipaje para ir al fin del mundo. Si no está todo bien procedimentado, mecanizado y sincronizado llegamos al caos en un abrir y cerrar de ojos. Y, lo reconozco, esa es una situación más que habitual ;-). Al principio todo fue bien pero de repente, entre que uno preparaba la cena y otro ponía el pijama ocurrió la trajedia: el mando desapareció. Se activaron los mecanismos establecidos y se interrogaron al sospechoso habitual: el pequeño huracán. Es capaz de "despistar" cualquier cosa que se encuentra a un radio de ochenta kilómetros a la redonda y por mucho interrogatorio que le hagas, no suelta prenda ;-). Así que la única manera de dar con sus crímenes es dejarlo libre y observar sus últimos habitos, escondrijos y tropelías. Es un tipo de habitos fijos. Tras un buen rato observandolo todo apuntaba a que estaba limpio. Pasamos al segundo sospechoso: YO. En mi casa soy el segundo escalón de la cadena del crimen. Y no penseis que es por mi mala actitud o por mis hábitos execrables, es más bien por un tema de jerarquia: la jefa nunca se equivoca.
El sexto grado comienza por revisar debajo de todos los muebles. Resultado: nada.
El segundo paso es revisar los últimos sitios por donde haya pasado. Baño: nada. dormitorios: nada; laboratorio: nada.
El tercer paso depura el segundo y me lleva por cualquier armario o recipiente por el que haya pasado en las últimas doce horas. Armario con productos del niño: nada. bolsa de guardería: nada; mesita de noche:nada; mueble de DVDs: nada; y, por último pero no menos extraño, el frigorífico: nada.
El cuarto paso: recapacitar. Durante diez minutos reflexionar donde demonios puedo haber dejado un mando a distancia de la tele. Resultado: nada.
El quinto paso: cacheo. Seguro que lo llevo encima por lo que como si de la aduana de Bankog se tratase me "reviso" hasta que queda claro que no tengo el mando encima.
El sexto paso en el sexto grado es la desesperación ;-)
Y el báculo de poder de la sociedad actual seguía perdido en mi casa. No éramos nada. Ni FOX, ni Nick, ni AXN, ni Canal Historia. ¿Una noche para acostarnos pronto? Ordeno el salón un poco. Meto la ropa del pequeño huracán en su bolsa y, voilá, debajo de un jersey aparece. El mando. Mi mando. Volvemos a dominar la tele desde el sofá. Pero ¿quien había puesto aquel jersey sobre el mando? Giro la vista pero, antes de decir nada, recuerdo: la jefa nunca se equivoca. Lo importante es que el mando vuelve con nosotros.
De todo esto he sacado dos conclusiones:
- los mandos a distancia deberían estar en los teléfonos móviles: cuando se pierden los llamas y siempre das con ellos (a no ser que tengas tan mala suerte que lo tengas en modo silencio :-( )
- la televisión puede acabar con un hogar: no por sus conenidos, por el hecho de no poder encenderla.

