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03/08/2007: "Casas de prestamos y malas hiervas"
music: Money - CABARET BSOmood: invadido
Recuerdo la moda de los videoclubs a mediados de los ochenta. Abrieron cientos de la noche a la mañana y a principio de los noventa se estinguieron dejando paso a las tiendas de todo a cién. Los "veinteduros" han sido un elemento común de la fisonomía comercial de nuestra piel de toro con sus llamativos colores y sus desordenadas estanterías. Los todo a cien menguaron, en parte por la invasión oriental, en parte por la invasión de las inmobiliarias, ese boom que hizo que cualquier españolito creyera que era capaz de vender el piso de su vecino por cien millones de las arcaicas pesetas. Ahora, en la mitad de la primera decena del siglo XXI, las inmobiliarias menguan ante el descenso de su burbuja y su espacio lo han ocupado un negocio que no es nuevo pero que se nos presentaba en otros formatos: los prestamistas.
Tienen nombre de nave espacial, de confitura exótica o de empresa de telecomunicaciones ;-). Se presentan como modernos espacios donde venden un producto selecto para un cliente muy particular al que parecen conocer muy bien. Parece que se han convertido en un elemento clave en la cadena económica de este país y, no se por que, me da a mi que eso no es un signo de fortaleza precisamente.
Pero dejaré a un lado el impacto de estos chiringuitos en la economía de este país y me centraré en el cambio en el aspecto comercial de nuestras calles. En primer lugar, quiero resaltar la profusión con la que se han asentado en nuestros barrios. Alrededor de mi casa han abierto cuatro en un par de meses. Al principio creía que eran inmobiliarias versión 2.0 pero cuando me acerqué al bonito escaparate y solo vi "reunifica tus deudas" y "reduce tu hipoteca en un 20%" entendí que aquel negocio era la faceta callejera de los anuncios de madrugada. En segundo lugar, incido en la faceta de barrio de estos negocios. No se ven ni en el centro de la ciudad ni en las ricas zonas residenciales. Su "target" está claro: zonas de clase media/baja donde los sueldos no llegan a fin de mes y necesitan empujoncitos. Contrasta ver el lujo con el que montan estas oficinas con el ultramarinos de toda la vida donde la gente compra cuarto y mitad de york fiado. Paradojas de la vida: dos negocios que prestan pero con propósitos diferentes. En tercer, y último, lugar me pongo en el pellejo del vecino ingenuo que ve como su banco de toda la vida, el de la esquina de casa, le pone pegas para darle un crédito por una reformilla y el nuevo comercio, más moderno y afable, se lo da sin avales ni preguntas engorrosas. Eso si, el hombre tendrá que graduar sus gafas para esa letra chiquitina que acompaña el engorroso contrato mientras la guapa señorita le pone la pluma de regalo sobre el contrato hambriento por ser firmado.
La invasión de los modernos prestamistas durará un par de años, tal vez tres o cuatro. Pero a diferencia del entretenimiento de los videoclubs, las tonterias de los "all for one hundread" o la ilusión de la casa en su fotografía gastada por el sol, de este negocio no sacaré mucho y espero que no cause los estragos predecibles en la población.

