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03/17/2007: "Los días de Cintas y los ratos de CDs"
music: Los días de verano - Amaralmood: Rebobinando.
El coche es el único lugar donde puedo escuchar música con un mínimo de tranquilidad y atención. Tal vez por eso cada vez que voy de compras a un centro comercial me paso por las ofertas de CD y me pillo algo que me pueda entretener durante algunas semanitas. El tema de mp3 está muy bien pero las megarecopilaciones que me hago no se las traga mi muy barato reproductor del coche y la frustración campa a sus anchas. Suelo llevar seis o siete CDs con música variada y entre ellas predominan los álbunes de "próximos descubrimientos", es decir, CDs de autores superconocidos o casi anónimos a los que les doy una oportunidad con un CD que tiene buenas referencias o con el que tengo buenas vibraciones. Intento olvidar prejuicios del pasado y machaco el CD hasta que tengo elementos de juicio para darle esa puntuación que lo mantendrá en el coche o lo pasará a la caja de prescindibles. Algo parecido a lo que en aquellos salvajes ochentas hacía con las cintas de casette que pasaban por mis manos. Estrujar y tr¡turar hasta que la cinta merecía ser inmortalizada en un vinilo o ser machacada por un nuevo grupo que me descubriera ese sonido definitivo que tanto ansiaba en aquellos días.
Pero hay una sutil diferencia entre ambos modelos de audición. En aquellos lejanos días, la cinta era pacientemente escuchada de principio a fin pasando por cada uno de los temas. Esa experiencia te permitía que los temas que en un principio no te entraban acabaran siendo de tus favoritos cuando los escuchabas por enésima vez y acabases cansado del hit que te trajo la cinta a tus manos.Era tal el mahcaque que le pegaba a a las cintas que en aquellas de 90 minutos en los que cabía disco y medio por cada cara tuviese en mi cabeza perfectamente sincronizado el momento en que una canción se cortaba violentamente ante el final de la banda magnética que le proporcionaba el soporte. En esta era altamente digitalizada, los CDs son el soporte ideal para saltar entre tema y tema, perdiendo en ocasiones el orden en que el autor (o el productor) quiso ordenar su obra y mandando al ostracismo eterno temas que tienen un arranque que no me convencen. Es el soporte perfecto del impaciente, del epicúreo que quiere recibir placer desde la primera nota. Y solo en momentos de despiste o bajón en el que no presto atención a la música es cuando tengo la oportunidad de encontrar esa canción que la había vetado por no encontrarme de humor y que es capaz de impactar en mi día a día como muchas otras cosas no llegarían ni en sueños. Ya sabeis cómo puede llegar a ser la música para mi y eso que no se tocar ni el más mísero de los instrumentos músicales. Si al menos hubiera aprendido el tam-tam ahora estaría de gira mundial con The Canalla Drummer and his Noise Factory. Nuestro tema estrella una versión en percusión de "Learning The Game"
Tal vez en aquellos días tenía más tiempo, más paciencia (no creo) o simplemente más desconocimiento pero os puedo asegurar que la gran mayoría de las canciones que machaqué desde el fatídico 82 al terrible 93 en aquellas cintas magneticas cascadas y degradadas permanecen en mi memoria con un nivel de detalle que ya querría para alguna asignatura de la carrera. No eran ni mejores ni peores que las que luego vendrían. Simplemente pasaron mucho más tiempo conmigo.

