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06/17/2007: "Elefantitos Llorones y Anas Curras Trinitarias"
music: Enamorado de la moda juvenil - Radio Futuramood: Pater
Esta semana era la semana de las funciones de fin de curso, de los desfiles infantiles, de las coreografías imposibles. Como corresponde a todo padre babeante, planifiqué mi curro para poder cumplir con las respectivas citas: guarderapa y colegiata. La primera fue el miércoles, en un amplio salón que la Excelentísima Diputación Provincial puso a disposición de la guardería y que padres, abuelos, tíos y allegados ocuparon hasta en el último hueco disponible. La función, de niños entre 1 y tres años, estuvo repleta de momentos entrañables: bailarinas de poses perfectas y pasos de cisnes recien nacidos; modelos de alta costura marchosos al tiempo que vergonzosos; y nuestro plato fuerte: toda la tripulación de una diminuta Arca de Noé donde un elefantito barrigoncillo y juguetón nos prometía un rato inolvidable. Entró por el pasillo, con su trompa en ristre y sonrisón de oreja a oreja. Subió al escenario, se escondió tras la gran arca y la música arrancó. Salió un conejito, después una ardilla y el siguiente fue el elefantito. Mi pobre tornado, vió como la sala entera le aplaudía, los flash saltaban y la cara se le desencajo. Mil lagrimones le salieron de cada ojo y se prolongaron durante toda aquella canción que recordaba al cocondrilo, al orangután, a la picola serpiente y al aguila real. Unos bailaban, otros corrian como anarcas en potencia y el elefantito llorón, quieto en su puesto de partida, agachaba su trompa. La música cesó y el pequeño trompudo continuó con su llanto. La entrega de diplomas no lo animó ni profesoras ni compañeros. Solo una cara amiga en primera fila lo hizo abandonar sus lágrimas. Se fue hacia ella y la abrazó. Al fin y al cabo, tornados y huracanes son hijos del mismo padre. Tornado no llega a año y medio, es introvertido, divertido y peleón. No llora con facilidad y, aunque no es plato de gusto ver a mi retoño roto de tanto llorar, ya sabemos que al pequeño Tornado no le gustan las masas de puretas histéricos. Normal.
Al día siguiente tocó la de mi pequeña huracán. Primera graduación de su vida, la de infantil, mientras su padre no ha tenido ninguna. Al menos de las que se tiran los birretes y se viste de toga. Su actuación, la estelar de la noche, nos transportaría a los años ochenta a ritmo de esas bandas que cambiaron la historia musical de este pais. En la descripción de su "disfraz" ponía algo como "tipo Alaska". Imaginación al poder y la gran mamá consiguió la caracterización de su vida*: botas converse rojas, mallas negras y camiseta de cuello y mangas anchísimas, muñequeras de pinchos, peluca hasta la cintura violeta cortada a navaja y el mejor maquillaje ochentero del mundo. Su primera aparición en el escenario fue en la entrega de diplomas: muy sonriente, al tiempo que formalita, encantadora y muy madura. Su segunda aparición fue espectacular. Tocaba la interpretación del potpurri de los años ochenta. Los chicos vestidos de roqueros: pantalón y camisa de manga super corta negra, pelos atupelados, botas tipo converse, tatoos y pañuelos de cuello. Muy conseguidos si señor. Las chicas se dividían entre las que iban de "deportistas", con mallas y camisetas hasta casi las rodillas, y las que simulaban a las chicas pegamoides. Todas ellas de negro fúnebre, con sus pelos de colores y maquillajes pronunciados. Arrancó el número con mi pequeña en segunda fila pero al cabo de unos acordes, pasaba a primera fila, con desparpajo a raudales, una sorprendente (2*) coordinación en los pasos del baile. Su porte, su sonrisa, su aparición en escena y su simpatía hizo que el éxito la rodeara por los cuatro costados. Fueron jaleados y vitoreados, apladudidos y encumbrados a las alturas del viejo patio del colegio. En su vuelta del escenario venían como en una nube. La saludé y su mirada estaba como en otra dimensión. Hija mía sin lugar a dudas ;-)
Volvió al escenario una última vez para cantar con todos los demas niños (toda infantil). A penas se la veía. Solo las puntas de su peluca violeta y sus muñequeras de pinchos cuando todos levantaban las manos. Anecdótico.
El año que viene solo habrá una función: la de huracán. Tornado se despide de estas celebraciones multitudinarias. El año que viene ya es una niña de primeria. Una niña mayor.
Nota *: claro está, con la inspiración siempre presente que aporta su viejo papi rockero
Nota 2*: Increible pues en casa tiene un despiste supremo

