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09/26/2007: "Sep1997"
music: No queda tiempo que perder - Los Hermanos Daltonmood: Recordando
Salia sin rumbo. Casi siempre andando. Desastrado y despreocupado pues eso es lo que pegaba en aquellos días de un otoño bastante anormal. Sabía que se iba y no sabía como decir adiós. Cada noche era su última cena. La pizza de pimientos, pollo y algo más. La cerveza en envase lítrico. Un par de ellas para empezar. Después buscaba un sitio donde bailar, hablar con los amiguetes. Quería quedarse con un trozo de aquel tiempo recogido en una repisa de recuerdos. Ingenuidad del incapaz. Cada noche se prolongaba larga, hasta el amanecer. No tenía nadie esperándolo y aquel castigo era una auténtica liberación para hacer y deshacer, para finalmente, elegir el destino que le había predestinado. Y como ante cada final de ciclo, la creatividad, extraña fuente de complicaciones, aparecía. Escribía y escribía. Canciones, poemas, cuentos y guiones. Todo deslavazado, desbocado, desubicado y destartalado. Pero suyo que para lo que le quedaba por aquel entonces no era ninguna tontería. No se pudo enfrentar a aquellos subgéneros de su imaginación. Pasó y eso es todo.
Yo estuve con él aquellos últimos días y lo recuerdo feliz aunque distante; hablador al tiempo que pensativo; observador de detalles infinitesimales mientras pasaban los toros por su lado; hablando en lenguas muertas a sus nuevos amigos. Era él un poco más distorsionado de la cuenta. Aunque siempre lo negó. El era él más que le pesara a nadie y nada cambiaría. Escondido en su coraza aquinopasanada quiso hacer natural sus últimos días en el cuerpo de aquella persona. Entre borracheras y lamentos, me llegó a reconocer que estaba solo, más de lo que esperaba. Que no sabía bien lo que quería ni a quién podía querer. Que dormía poco y bebía demasiado. Yo solo tenía el dicho "a enemigo que huye puente de plata". El se reía pero en sus ojos se veía que realmente quería abandonarnos y me decía "No te preocupes, del suelo no pasa". Estaba desubicado en su propia casa.
Mi último recuerdo de él tal como lo conocí es de una noche de finales de septiembre. Iba con dos desconocidos como le gustaba en aquellos últimos días. Estaba en un pequeño tugurio de Calle Echegaray. Era un sitio estrecho con una potente luz lapislázuli que parecía transportarte al fondo del mar. Estaban con unas chicas que bien podían ser cinco o seis años mayores que él. Hablaban animadamente. Risotadas y bastante manoseo aunque se les veía que no se conocían de nada. Me vio y en dos segundos estaba conmigo en la barra. Nos abrazamos como había sido nuestra costumbre durante los últimos tres meses cuando su marcha ya era segura. Me invitó pero pagué yo. Un par de vasos grandes de ron con limón con muchas vueltas dadas. Apenas si intercambiamos palabras. Estaba con sonriente, fruto del alcohol y el olvido, y sabía que por momentos disfrutaba y por momentos se perdía. Se acercó al vaso y comenzó a tatarear "The world has turned". Lo acompañé. Nos la cantamos casi entera mientras en la sala sonaba algo de música española. Pero daba igual. El ron se acabó con la última estrofa. Volvimos a abrazarnos y nos golpeamos la espalda como hacía mi abuelo. Nos empujamos. Nos reímos. El volvió con las chicas y sus amigos y no había salido yo del bar cuando ya comenzaba a bailar ese extraño twist que solo él sabía como casarlo con cualquier ritmo.
Desde la distancia creo que vivió los mejores últimos días que un veinteañero pudo contar...

