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11/13/2007: "Estrella fugaz"
music: The Shining - Badly Drawn Boymood: Cantor
Estábamos hablando sobre un proyecto junto a la ventana del despacho de Toni cuando, de repente, Sibil me dijo: "Vuelvo en un momento" y salió corriendo hacia la puerta de la oficina. Me dejó completamente desconcertado: era impropio de un chico tan formal y educado dejarte con la palabra en la boca sin mediar explicación. Instintivamente me asomé a la ventana desde la que tenía una visión perfecta de la salida de la oficina y de las calles colindantes. El muchacho corría como pollo sin cabeza y miraba a izquierda y derecha buscando algo que debía ser muy valioso para hacer que perdiera sus maneras de esa manera. Cruzó la calle a saltos al ritmo de frenazos y bocinazos de los sorprendidos conductores. Se paró en seco y comenzó a rotar lentamente sobre si mismo como si quisiera cubrir todos los ángulos con aquel movimiento. En aquel momento se me unió Tony. Tras observar a Sibil durante unos segundos me preguntó: "Y a este ¿qué le pasa?". Mi respuesta se concretó en un movimiento de hombros al tiempo que fruncía los labios en señal de completo desconcierto. Los dos asistimos con atención infundada a los movimiento de nuestro compañero. En el movimiento pude observar como al tiempo que se movía a una nueva posición, la cabeza se movía en vertical desde su horizonte hasta unos treinta grados hacia el cielo. "Lo que sea que busca parece que puede venir por tierra, mar y aire" le dije a Tony que me devolvió mi anterior gesto. Había dado la vuelta completa sobre si mismo y la cara de Sibil reflejaba desolación como nunca antes habíamos visto. Parecía mucho más tranquilo y respiramos tranquilos cuando presupusimos que la cordura volvía al verlo acercarse al paso de cebra para cruzar a la acera de la oficina. Un coche paró en un carril dejándole paso pero Sibil, cabeza gacha y pies muy juntos, parecía estar mentalmente a kilómetros de allí. El coche le pitó y el muchacho reaccionó como un automata. Cruzaba lentamente con las manos en los bolsillos, casi arrastrando los pies y manteniendo su vista en el suelo. Cuando estaba a punto de llegar a nuestra acera me dispuse a ir hacia la puerta para recibir al muchacho y ayudarle si ese extraño estado que había exhibido temporalmente tenía alguna clase de auxilio. No había acabado de girarme cuando Tony me dio un leve codazo que me hizo mirar por la ventana. "¿Dónde estaba el muchacho?" se me escapó sin pensar. Lo había dejado a punto de llegar a la acera a paso de tortuga y en dos segundos parecía como si la tierra se lo hubiera tragado. Tony me señaló con el dedo y vi la silueta del muchacho al más de cien metros de la puerta de la oficina frente a otra persona . Hacia gestos y se tocaba la cabeza denotando su nerviosismo. Así estuvo más de diez minutos en los que Tony y yo no le quitamos ojo, más por cotillas que por posibles auxiliadores de nuestro compañero. Volvió con su paso habitual, su cabeza un poco más alta que de costumbre y una mueca a medio camino de satisfacción y preocupación. Tony me acompaño a la puerta de la oficina donde lo esperamos con cara de póquer. El chico nos vio y nos sonrió con su mejor dentadura. No se bien que se suponía que estábamos haciendo pero se disponía a pasar la tarjeta por el lector para abrir la puerta y dejarnos allí retratados, cuando le pregunté: "¿Y?". Me volvió a enseñar la dentadura y con cierta parsimonia me dijo: "No os preocupéis estoy bien. Solo era una estrella fugaz".
Un par de días después, mientras desayunábamos, Tony me preguntó: "¿Pero se pueden ver estrellas fugaces a las once y veinte de la mañana?". Encogí mis hombros y le guiñé en dirección a donde Sibil tomaba su batido y miraba incansable por la ventana de la cafetería. "El posiblemente sea el único humano que tenga su propia estrella fugaz matutina"

