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04/18/2008: "Un invitado largamente olvidado (e inesperado)"
music: Spiritwalker - The Cultmood: Nomeolvides
Cenábamos plácidamente en el Lindo Tajo, un pequeño asador en la parte oeste de La Ciudad que se había convertido en nuestro particular centro de celebraciones. Como éramos viejos conocidos, en un pequeño almacén trasero nos preparaban un habitáculo a modo de reservado, más para que nuestros alaridos y cánticos no molestarán al resto de la clientela que para darnos ese punto de intimidad que buscábamos en aquel restaurante. Eramos tres parejas, un soltero incorruptible y dos divorciados por causas ajenas a su voluntad. Aquella noche celebrábamos el no habernos visto desde Navidad. Nos habían tomado la comanda y ya teníamos en la mesa un surtido variado de bebidas alcohólicas y unos entrantes que bien podrían alimentar a un poblado saharaui durante toda una semana. Bromeábamos, discutíamos, nos confesabamos o flirteábamos en parejas o tríos sin eludir ningún tema e ignorando todo aquello que sabíamos se había convertido en tabú a lo largo de los años. Ese era el único secreto para mantener una relación con el mismo grupo de personas, y sus satélites ocasionales, durante los últimos veinte años. Toda una proeza que en muchas ocasiones me he preguntado cómo era posible.
Esperábamos a que chuletones, churrascos y otras carnazas bien grasientas dieran el relevo a los relucientes platos de los entrantes. Dos golpes secos sonaron tras la puerta. Todos nos callamos con cara de sorpresa. Los camareros no preguntaban para entrar. Dos golpes más y el pomo giró. Los más cercanos a la puerta giraron completamente sus cabezas con la misma curiosidad que mató al gato y la puerta se abrio suavemente. Ante nosotros apareció una figura familiar largo tiempo olvidada. Vestía sus pantalones vaqueros ajustados desde el tobillo hasta la cadera. Su característica camiseta blanca con el logotipo de una marca deportiva hacía mucho tiempo desaparecida trajo a mi cabeza las miles de horas jugando al basket con el en el patio del instituto. Mantenía su característica figura delgada, casi esquelética, de pre-veinteañero con mucha actividad, de rasgos muy marcados pero que no borraban la redondez de su cabeza y su pelo, media melena mal cuidada, tenía reflejos canosos con brillos azulados. Bueno, tal vez esos mechones blanquecinos resaltaban más el aura azulada que lo envolvía por completo. Ese tono lapislázuli situaba a nuestro viejo amigo en un lugar incierto entre lo espectral y celestial al tiempo que la exhausta expresión de su cara nos decía que el camino desde allí había sido muy largo. Entre caras desencajadas y piernas temblorosas ante nuestro inesperado visitante, con su energía habitual Bruno se levanto y dijo:
- ¡¡ Silvestre !! ¡¡ Cuánto tiempo sin vernos !! Cuanto te hemos echado de menos - nadie supo reaccionar. ¿Cómo se podía recibir a un amigo muerto hacía 18 años con un saludo tan trivial?
- Y yo a vosotros, Bruno. Por eso estoy aquí - la voz de Sil era un susurro casi imperceptible acompañada por un sutil vaho azulón que provenía de su boca y se perdía a pocos centímetros de su aura. - Sara, Sarita, ¿te importa que me siente a tu lado? Solo será por un momento. Te lo prometo. - Sara estaba horrorizada, con el rostro descompuesto a punto de estallar en un grito de pánico. Pero la proximidad de Sil pareció apaciguarla y sus rasgos se relajaron por momentos como el que tras empaparse en una tormenta salvaje encuentra cobijo junto a una lumbre generosa. Miré a Sil de arriba a abajo y cuando llegué a los ojos su mirada me atrapó.
- Si, Ruben, soy yo. Ya se que no estoy en mi mejor forma y que tal vez no haya envejecido tan bien como vosotros pero soy yo. - Me lo dijo secando hasta mi última gota de saliva y evitando que pudiera expresarle mis mil dudas y las dos mil preguntas que me asaltaron. Me sonrió y continuó:
- Vengo desde muy lejos y tengo muy poco tiempo. Realmente, tengo mucho más tiempo del que me gustaría pero desgraciadamente no podré estar con vosotros demasiado. Son las reglas y si quiero llegar a donde me propongo tengo que seguirlas o acabaré en... da igual. Ante todo, perdonad que me presente aquí sin avisar - y una carcajada seca y fantasmal salió de sus comisuras haciendo que las parejas se cogieran de la mano y los desparejados añorasen haber desperdiciado tantas oportunidades de tener a alguien a su lado en ese momento - sabría que esta noche estaríais aquí pero yo no sabía si podría llegar. Pero al final estoy aquí y para mi eso es un motivo de felicidad supremo. En segundo lugar, se que esto os parecerá increíble y que pasado el tiempo le echaréis la culpa a una de vuestras cogorzas de campeonato. El alcohol es el justificante por antonomasia. Pero aunque lo llevéis al plano de vuestras alucinaciones, lo que hoy os diga siempre quedará en vuestra alma como una verdad inmutable y ese es mi propósito. Y no me enrollo más, esto es lo que vi y como tal os lo tengo que trasmitir pues sois los únicos que, desde vuestra impotencia actual, podríais hacer algo para remediarlo: un viejo amigo, largo tiempo perdido, volverá a La Ciudad. La utilizará y la venderá y su semilla la arrasará... - el silencio de Sil nos paró los corazones. Esta vez fue Elena la que mirándolo le dijo con voz temblorosa:
- ¿Pero quién es ese viejo amigo?
- A eso no puedo contestarte Helen - como la solía llamar en el instituto-. Cuenta con padrinos muy influyentes que harían que mi camino se acabase para siempre. Y eso es algo que no me puedo permitir. No otra vez.
Como un resorte Ana se levantó y cruzó toda la habitación hasta encarar a Sil. Ana y Sil habían salido hasta pocos meses antes de que Sil tuviera el accidente en el que murió. Durante mucho tiempo, Ana se culpó por haber terminado aquella relación. Un brillante paso por la facultad y un presente profesional envidiable habían apartado aquel sentimiento. Después se casó con el mejor de los hombres vivos pero cuando nadie se lo esperaba se divorció. Sara dice que una foto gastada de Sil se puede encontrar en un pequeño compartimento de su cartera. En silencio, Ana era un mar de lágrimas y cuando intentó asir la famélica mano de su antiguo amor solo aire azulado agarró. Silvestre la miro y rozándola con su cada vez más débil halo azul le dijo:
- Anita, mi Anita bonita. Siempre he estado a tu lado. Muy cerca. Mucho más cerca de lo que te imaginabas. Yo confío en ti. Se que tu buscaras a los originales, a los dueños de La Ciudad, encontrás algún pred... - repentinamente la voz y la forma de Sil se fueron diluyendo en un punto azul cada vez más intenso hasta que desapareció en un suave resplandor.
Congelados, permanecimos en silencio hasta que la puerta se abrió de repente y los gritos de Isabel y Ramón pusieron tan nervioso al pobre camarero que dos brochetas se clavaron en el suelo y un solomillo a la pimienta paso a pocos centímetros de mi cabeza.
El resto de la cena transcurrió en silencio funerario. Cayeron las mismas botellas que todas las noches y alguna más pero ni Bruno fue capaz de decir la más mínima tontería. No tomamos postres y la despedida fueron leves gestos de cabezas, besos sordos y apretones de manos flácidas y temblorosas.
Cogí la moto y ya en el camino a casa sentí en mi bolsillo la vibración del móvil. Rompiendo una de mis pocas reglas al volante, paré la moto para responder al teléfono.
- La cabeza me va a estallar. Tenemos que hablar. Te espero en Bianco&Nero- la voz de Ana no me dejó margen de decisión. Arranqué la moto y me escapé para el bar de moda de ejecutivos y divorciados.

