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07/31/2008: "El primer árbol"

music: Dreaming - Weezer
mood: VidaReal

Viene de TSTSTSTST … SOY VUESTRA AMIGA... TSTSTSTST …


No dejé que amaneciera. Llevé a Ana a su cama. Hacía rato que había dejado de farfullar en lenguas ininteligibles y dormía profundamente. Le escribí una nota: "Nos damos un toque. Por favor, tómate el día libre" y me marché para casa. Su piso estaba en las antípodas de mi apartamento, tanto en distancia como en lujo, pero antes de poner el pie en la calle sabía que haría el camino a pie. Necesitaba ese viento fresquito previo a la salida del sol para despejarme e intentar quitar el recuerdo de la cara destrozada de la señora Aurora. Ingenuo de mí. Años más tarde aún me asalta vívido.

La madrugada era sorpréndeteme fría para aquel principio de Mayo. Mi cazadora de punto no me protegió en absoluto e intensificar el ritmo de zancada consiguió despertar mi estómago de su letargo pidiendo la cena que le debía. A las cinco y cuarto de la mañana había media docena de sitios a los que pudiera llegar andando desde allí pero solo uno que saciara mi desmesurado apetito matutino: Las Perdices Pardas. Tardé en llegar más de cuarenta minutos a paso ligero. Era un pequeño bar de barrio que estaba abierto veinticuatro horas todos los días del año menos el Viernes Santo con una cocina generosa, sabrosa y contundente. Cuando llegué había la habitual cuadrilla de taxistas que estaban a punto de ir para casa. Dos parejas de policías que se sincronizaban para coincidir allí al final de su ronda nocturna. Varias parejas con intenciones dispares. Y, claro está, los tres o cuatro solitarios, amargados o perdidos, como más guste en calificarnos, que acabábamos muchas noches allí para tomar el mejor desayuno antes de irnos a la cama, que no a dormir. Pedí un sombra doble en taza grande, medio pitufito mixto y el otro medio a la catalana, un donut de antes de ayer con el azúcar petrificada, zumo de piña y un carajillo, que siempre me viene muy bien para encajar todo aquello en mi delicado estómago. Mientras comía, seguí tres o cuatro conversaciones muy interesantes que acabaron para mí con mi último sorbo de licor.

Cuando salí del bar ya había amanecido. Me tomé con tranquilidad la vuelta a casa y di un largo paseo disfrutando del despertar de la vieja ciudad.

El salón de casa estaba hecho un desastre desde hacia semanas y no tenía la mínima intención de ordenarlo cuando llegué aquella mañana. Despejé rápidamente mi enorme sofá, encendí la tele, sintonicé la BBC internacional y dejé que un aburridísimo documental sobre el Príncipe Eduardo me acunase cayendo en un profundo sueño en cuestión de segundos. Estoy seguro que soñé. Posiblemente soñé con algo relacionado con lo acontecido aquella noche, posiblemente allí estarían muchas de las claves que durante la tensión del momento se nos pasaron por alto. Pero no recuerdo nada. Nada de aquel sueño.

Al segundo timbrazo del teléfono me levanté de un respingo y caminé como un zombi dando golpes con todo lo que había en el pequeño salón buscando el inalámbrico. Cuando di con él lo descolgué y antes de poder articular palabra un torrente con mi nombre inundó la línea.

- ¿Rubén? ¿Rubén?... ¿Rubencito hijo, estás ahí? - la voz sonaba preocupada al tiempo que inquiría una respuesta rápida por mi parte.

- Si, madrina. Si, estoy aquí - inconscientemente esperaba aquella llamada desde que llegamos a casa de Ana. Estaba completamente reventado pero tenía que sacar fuerzas de cualquier parte de su hundido cuerpo para dar las explicaciones imposibles que le pediría su madrina sobre lo ocurrido con su intima amiga.

- ¿Cómo estas? - por un momento Rubén creyó que la anciana se interesaba por su estado pero la sucesión de preguntas dejó claro que aquella había sido un mero formalismo para que su ahijado se abriera en explicaciones

-¿Qué pasó Rubén? ¿A donde viajasteis? El viaje. Mi madrina asociaba los encuentros con el más allá con viajes. A ella le encantaba viajar pero era muy temerosa y por eso nunca se alejaba demasiado de casa, viajaba con extraños o iba a sitios peligrosos. Y eso mismo lo aplicaba en sus viajes con Madame Aurora: le gustaban más las cartas que la tabla de huesos y prefería buscar a la buena Betty que a cualquier otro ente que tal vez pudiera darle más detalles sobre sus ancestros.

- Realmente, no se bien cómo...

- Me llamó la niña Paula. Estaba completamente echa polvo. Aurori está en observación. Nos han dicho que tiene un shock cerebral provocado por una hemorragia. Está muy mala

- Si tía, pero...

- Esta noche te vienes para el hospital pues la chica no está para pasar la noche aquí y necesito que me acompañes

- Si tía.

- Vente pronto. No más tarde de las ocho y media. Vente cómodo y tráeme algo para cenar, trae... Espera, espera. Tengo que colgarte. Viene el médico para hablar con nosotras.

La línea enmudeció un segundo y dio paso al tono de comunicando. Cuando mi tía me trataba así me veía con ocho años comiéndome una resplandina por haber roto una botellita de su colección de miniaturas y sin poder decirle nada pues siempre tenía razón. Colgué, pasé por el cuarto de baño, cojí una botella de agua de la cocina, desactivé el teléfono y me volví a tirar en mi sofá. Cambié de canal y seleccioné uno de telenovelas en italiano. El parloteo incontinente de las voluptuosas italas devolvió el sopor a mis párpados y caí en un nuevo sueño. Lo recuerdo perfectamente: trepaba como un hombre araña por el tronco pulido de un árbol infinito. Si paraba me resbalaba y caía vertiginosamente docenas metros con la sensación que me iba a matar pero en cuanto volvía a hacer el movimiento de subida, paraba en mi caída y seguía subiendo. De repente encontré un hueco en el árbol. Entré un gran búho me recibió en una lujosa alcoba. Me hablaba paciente y educado pero no lo entendía y mi ignorancia lo fue enfadando hasta que me empezó a empujar hacia el hueco y me tiró. Caí, libre, sin asideros y cuando creía que me reventaría contra el suelo una mujer con la máscara de un gato me cogió de la mano y comenzamos a flotar, a planear, a volar...

Una rancia y repetitiva versión midi del estribillo de "Magic Moment" me despertó. La vibración en mi bolsillo me ayudó a dar rápidamente con el móvil sin tener que abrir los ojos. A mi cansado "Dígame" la voz de Esteban Lecuona JR. me machacó.

- Rubén, llevamos esperándote dos días y no te has tenido la decencia ni de llamar para decir que no podía venir. Es muy poco profesional por tu parte

- Esteban, la entrega la tengo para el viernes de dentro de dos semanas y ya te dije lo que pensaba de esas reuniones de seguimiento. No vienen en mi contrato de servicios para LECUONA-GALVEZ y Asociados. Y aún no he recibido confirmación por mis tarifas de consultoría. - Estaba cansado de repetir semejante perorata a aquel hijo de papá, impresentable y cansino que representaba en la actualidad más del 80 por ciento de mi entrada de capital. El sabía de mi dependencia con ellos y además de apretarme en el los precios hasta hacer chirriar mi estomago quería un servilismo casi esclavista por mi parte hacia el. Y por ahí no iba a pasar por mi capullo que se pusiera.

- Te lo repito: me parece muy poco profesional por tu parte no asistir a una reunión con el cliente y voy a plantearle a la Junta la rescisión del contrato con NADA Consulting y...

- No creo que debamos de llegar a ese punto - fue mi primera reacción ante la posibilidad de verme bien jodido económicamente en los próximos seis o siete meses. Pero de repente la cara de madame ensangrentada vino a mi mente y el chip cambió - pero las condiciones de la rescisión de mis servicios viene en el apéndice II apartado 3.1 del contrato marco de trabajo. - El brote de osadía fue golpeado brutalmente por el instinto de subsistencia y reculé lo mejor que pude con un "Pero creo que la sangre no debería llegar al río..."

- No se si habrá sangre o no pero pásate por el despacho de mi padre mañana a eso de la una y media pues quiere hablar contigo. - Sabía que su padre pasaba de la mitad de las tonterías de aquel petimetre, que no sabía que iría por allí y que cuando me lo encontrara me preguntaría por como me iba con la moto. Pero a aquel capullo le gustaba tensar la cuerda pero, en aquel momento, yo no podía permitirme perder aquella fuente de ingresos por una pose.

- Allí estaré. Un saludo. - y colgué cayendo mi mano con el teléfono, como si fuera una pieza de mármol tallado, contra el suelo. Y nada más tocar mis nudillos la superficie fría el teléfono volvió a sonar. Lecuona Jr. me tenía hasta las narices y su segunda llamada para ponerme las pilas se estaba volviendo un clásico de nuestra fatídica relación. Podía haberle colgado pero la adrenalina me había hecho olvidar el sueño y le cogí.

- Señor Lecuona, le agradecería que no me interrumpiese más en mi jornada laboral a no ser que quiera que...

- Pero ¿de qué vas, lagarto? Te llamo para irnos de cañas con unas servias que he conocido y me pegas la bronca.

- Joder, Cuchi creía que eras el gil del hijo de Lecuona que me tiene hasta las...

- Menos rollos de Lecuonas y vamos a lo positivo ¿te apuntas o no a las cervecitas? No te puedes ni imaginar...

No lo pensé ni un segundo. Cuchi me conocía desde que teníamos cuatro años cuando entramos al colegio. Éramos los seres más distintos de la creación pero nuestras pocas afinidades nos habían mantenidos unidos contra viento y marea. Y habían habido muchos temporales entre los dos. El destino había hecho que ninguno nos acabásemos casando y que cada año que pasaba disfrutáramos más de nuestra soltería y nuestra pasión por el sexo opuesto. A Cuchi le volvían loco las guiris, a mi me daban un poco igual. Pero después de lo que había pasado la noche anterior, aquella juerga regalá era un bálsamo para dejar atrás por unos momentos las malas vibraciones que me sacudían.

- Pues si, me voy con vosotros.

- A las dos en La Higuerilla y vente presentable vaya que me espantes a estos dos cañones de artillería.



PD: Con lo cortito que es y lo que me ha costado cerrarlo... Pero este més no podía quedar en blanco.


Replies: 1 Comment

on Friday, August 1st, Triskelbiker said

Tengo que reconocer que cada vez me enganchan mas los ...TSTSTSTSTS...


"¿Que te parece si dejamos que estos chavales se vayan a casa el fin de semana y nos traigan un Superman?" LAAdK&C, Michael Chabon