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08/09/2008: "El Escapista contra los azulejos de adamantium o la épica de las baldas"
music: La canción del trabajo - Raphaelmood: HeroHero
Tarde salvaje en el cuarto de baño. Dos por dos metros han contemplado como me enfrentaba a una pared de bonitos azulejos color beige que escondían la más mortífera de las trampas: el muro rompebrokas. Ya tenía antecedentes de la dureza de la pared: hace un par de semanas poniendo un porta rollos Gruntal, de esos que tenéis más de uno de los que están al otro lado, sude horrores para hacer los dos diminutos agujeritos que necesita este fundamental soporte para cualquier retrete. El azulejo parecía no erosionarse con la potente broca del seis y el taladro a todo trapo. Fue casi una hora de sudores y olores a chamuscados que achacamos a un posible paso de un bajante y la protección que lo recubría... Excusas insolventes para ignorar el gran problema con el que nos enfrentaríamos esta tarde: el cuarto de baño tiene los azulejos de adamantium. Mi retrete es la versión doméstica del experimento Arma-X y yo me he enfrentado a él con mi pobre taladro Bosch y una colección de brocas de dudosa procedencia que han sido abatidas en diferentes oleadas.
Eran siete pequeños boquetitos con una broca del seis para poner tres estantes que resolverían los problemas de almacenamiento en tan sagrado lugar mampara mediante. En el primero ratifiqué lo probemática que podría ser la situación y descubrí por qué los profesionales llevan Hilti. Con el segundo intenté calcular lo que aquello me podía llevar y erré, erré mucho más de los que podéis imaginaros. En el tercero rompí la primera broca, más bien descubrí que su cabeza era hueca y que ya no daba más de si. En el cuarto las pequeñas chispas que saltaron en los anteriores pasaron a ser pequeñas llamaradas y el tufo a quedamado era alarmante. En el quinto cayó la segunda broca y el taladro me hizo un extraño que creí me dejaría en mitad de la operación. En el sexto perdí la paciencia y fue con el que más tiempo me tiré. En el séptimo, hundido, sudoroso, rompí la tercera y la cuarta broca (a una de ellas se le derritió la punta), la pared se descascarilló y una vez tenía el hueco hecho el cáncamo del seis no quería entrar en su hueco del seis y el soporte ha quedado más para allá que para acá. Era desesperante comprobar como sacarle un milímetro a la pared costaba casi diez minutos de taladro a todo trapo. Era frustrante no poder saber cuando acabaría una "obrita" de las más sencillas y peor aún, si lograría acabarla. Y es curioso como en el templo del pladur las paredes del baño son del material más resistente con el que me he enfrentado en mi vida.
Y a pesar de los pesares, vencí. Sordo de ambos oídos, con el hombro dislocado y la mano temblorosa pero con las estanterías puestas y con la confianza de que aguantarán. Pensaba poner una mampara al baño pero visto lo visto...

