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04/05/2009: "El Arbol de Baroja"
mood: Satisfecho
Leer un libro de un tirón era un placer del que cada vez podía disfrutar menos. Unas veces por la falta de interés que le generaban las nuevas lecturas que llegaban a sus manos, casi siempre por falta de tiempo. Así cuando llegó a sus manos "El Árbol de la Ciencia", pasó al montón de pendientes con quince títulos de prosa, poesía, teatro y ensayo por delante. El azar hizo que el montón cayera y una elección rápida para un viaje corto hiciera seleccionar el libro de Baroja por su tamaño: menor de trescientas páginas y letra medianita. Arrancó la lectura después de comer, sin ninguna expectativa y con la suspicacia de haber leído las particulares opiniones de su autor en algún medio. No le dio tiempo a objetar cuando tras veinte páginas había identificado a los personajes entre sus próximos y allegados. Las situaciones de principio del siglo pasado eran perfectamente válidas en el principio de este y las reflexiones del autor podían aplicarse a la política, la religión, la ética y la estética de gentes actuales en Madrid y provincias. Cayó sin pausa, lectura continua solo interrumpida por las paradas oportuna. Podía haberlo terminado la misma noche en que lo empezó pero el placer se hubiera acabado demasiado pronto y no podía permitirlo... Con el fresquito de la mañana que se levanta observada por el tímido sol de primavera, lo terminó y sintió que el mundo se reordenaba timidamente a su alrededor. En un par de meses aquella timidez se convertiría en giro, pero esa es otra historia.
La coinidencia hizo que aquella lectura fuese el mejor regalo que pudo hacerse en mucho tiempo.

