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06/09/2009: "Ficción aeronautica"
music: You were mine - April Lavinge (Dixie Chicks)mood: Recluido
El avión hizo un extraño a la salida. Era como si de repente una ala pesara más que la otra y el avión cayera por ¿milesimas? de segundo hacia la izquierda. No hubo giro, ni otro tipo de maniobra que justificara aquel comportamiento. Hubo algún gritito pero en un abrir y cerrar de ojos recuperó la posición. Suspiros, alguna risotada y los primeros ronquidos. Es lo que pasa cuando sales a las 6.15AM.
A la hora y media del vuelo sin motivo aparente se encendieron las luces de cinturones de seguridad. Algunos pasajeros aún tomaba el cafe servido quince minutos antes y con las bandejas frente a sus panzas no tuvieron tiempo a recoger y el avión se desplomó unas docenas de metros sin control aparente. Gritos, insultos y algún gemido. Las azafatas no habían tenido tiempo de sentarse en ninguna parte y desde mi posición veía mantenían un equilibrio imposible que les castigó cuando de repente el avión paró bruscamente la caída con una aceleración violenta. El tipo que estaba a mi izquierda comenzó a decir algo por lo bajini. Al cabo de un rato vi que estaba rezando. La señora de mi derecha soltaba por la boca la colección completa de improperios impensables en una dama con bolso de Prada y gafas Loewe rematada en brillantitos. La megafonía hizo un ruido pero de la cabina del avión no supimos nada de nada. Tras el aceleron, en dos minutos la cosa pareció tranquilizarse y las azafatas a una velocidad de vértigo recorrieron el pasillo recogiendo las bebidas caidas, socorriendo a algunos mareados y transmitiendo un invisible control al que nadie daba crédito. El piloto de cinturones se mantuvo hasta el final. Y del comandante no supimos nada en todo el vuelo.
El aterrizaje fue suave pero no nos llevaron al finger. Extrañamente salimos todos por la puerta trasera. Era de noche y varias docenas de sirenas silenciosas giraban alrededor del avión. Al día siguiente, los periódicos no decían nada. Una semana más tarde la compañía me envió dos billetes abiertos de ida a destino europeo a elegir. Pensé triturarlos, pero que demonios, aquel acojone no les iba a salir gratis.

