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07/16/2013: "Cuentos infelices"


Dos cuentos cortitos con final infeliz para sus protagonistas

Primero.
Este era un tendero eficiente y entendido que por colmado pasaban clientes que se gastaban desde un par de euros hasta cientos semanalmente. Era atento y educado, cuidando sus formas y su material como oro en paño. Era muchas cosas positivas, muchas más que la mayoría de sus compañeros de gremio, mas tenía un pequeño defecto: creía que su eficiencia, entendimiento y cordialidad eran valores más que suficientes para mantener su clientela. Así, mientras la competencia iba haciendo "regalos" y descuentos, fidelizando al cliente para cuando llegaran tiempos peores, el buen tendero aplicaba religiosamente los precios de sus productos sin importar el volumen que les facturaba regularmente a sus clientes. Y un día dejó de ir la señora Paniagua que compraba las tres cuartas partes de lo que necesitaba en el tendero eficiente. Y el tendero pensó: "Esta mujer se ha mudado y no ha sido para despedirse". Al Señor Delgado, que pasaba al menos una vez al mes y se dejaba un buen dinero en cada visita, no lo volvió a ver. Y el tendero se dijo: "No recuerdo haberlo ofendido. Ese hombre siempre ha sido un poco raro". Y así, poco a poco dejaron de pasar por aquel colmado algunos de los mejores clientes que tuvo el tendero entendido y pensó: "Volverán pues yo tengo el mejor género y se lo que estoy vendiendo". Y tenía razón, alguno volvió y compró pero fueron viandas muy concretas y por unos importes muy bajos. "¿A donde fueron esos clientes?" le preguntó a otro cliente que sin gastar mucho pasaba a diario por la tienda. "¿No me digas que no lo sabes? Siguen comprando, como te compraban a ti pero ahora lo hacen en otro colmado." "¿Otro colmado? No me lo puedo creer. Yo que los trataba con educación y atención, que los iluminaba sobre la calidad de mis productos y me desvivía por servirles. Nadie le dará lo que yo les ofrecia". "Tal vez", contesto el cliente, "pero han descubierto que el otro colmado les ha dado desde el principio algo que tu no has sido capaz en todo este tiempo: mejores precios. Si pasan por aqui es para comprar aquello que no encuentran en otra parte pero donde se dejan el presupuesto es en el otro colmado". Si el tendero entendió lo que se había roto con sus clientes nunca lo sabremos. Lo que si sabemos es que desde hace un tiempo vende menos.


Segundo.
El Jefe era altivo, creído, pagado de si mismo, soberbio y mal educado. El grito y la amenaza por bandera allá donde fuera. No le importaba si trataba con iguales o con mindundis, el gritaba, faltaba, amenazaba y arrollaba. Pero era el jefe y nadie se atrevía a replicarle y mucho menos a contradecirle o a recriminarle su actitud y maneras. Y mientras el negocio iba bien, el jefe repartía a diestro y siniestro pues la creencia de los otros jefes, superiores e inferiores, era que el negocio funcionaba por el Jefe. Durante aquellos años de bonanza se marcharon muchos obreros a otras partes de la empresa. Gente válida y comprometida pero que estaban saturados de las bravatas, abusos y desaires del Jefe. Gente que encontró su hueco en otros departamentos pudiendo demostrar su valía sin ser ofendidos o increpados a cada minuto o que, simplemente, emprendió otro camino profesional lejos de aquella empresa. Algunos de los más brillantes profesionales que trabajaron con el Jefe se fueron en aquellos días. Y el negocio bajo. Y vinieron otros jefes sobre El Jefe. El no entendía como era posible que le pusieran más jefes por encima cuando él se creía el único artífice del éxito pasado. Herido en su orgullo y deseoso de recuperar sus laureles vio una oportunidad de oro cuando ante un gran problema con los clientes dijo que el sabía quien debía poner al frente para resolver la situación y que nadie debía de preocuparse más de ese problema pues el ya lo había resuelto. Sabía perfectamente quien era la persona que le podría resolver aquel problema pero no sabía ni donde estaba ni siquiera sus apellidos, había olvidado hasta la cara. Solo sabía su nombre. Desesperado puso a todo su departamento a buscar a aquella persona sin explicar nada. Había que encontrarlo urgentemente. Y, para su suerte, lo encontró pero no como el esperaba. Aquella persona estaba en otra parte de la misma empresa, desempeñando un cargo de importancia, apreciado, avalado y respetado por su jefe y por los jefes de su jefe. Y el Jefe lo llamó para decirle que se debía de volver a su antiguo departamento a lo que aquella persona, con corrección y educación, se negó. Le prometió grandeza y oropel y la persona volvió a negarse. Viendo que no conseguía su propósito, el Jefe lo insultó y lo amenazó y, con templanza, aquella persona se volvió a negar y se despidió cortésmente entre los gritos de un cada vez más irritado Jefe. El Jefe sabía que no podía hacer mucho ruido pues había propuesto una solución que no dependía de el y había prometido resolver un problema y no sabía como hacerlo. Si El Jefe entendió el motivo por el que las personas con las que trabajó en el pasado no querrían volver a trabajar con él no lo sabemos. Lo que si sabemos es que desde hace un tiempo tiene un montón más de jefes sobre él revisando hasta donde pone las comas.





"¿Que te parece si dejamos que estos chavales se vayan a casa el fin de semana y nos traigan un Superman?" LAAdK&C, Michael Chabon