La mejor amiga de mi madrina
music: Mansion on the hill - Bruce Springsteen
mood: Porfin...
Madame Aurora ya no vivía en mi barrio. Yo no lo supe hasta que llamé a mi madrina, su intima amiga desde la infancia. La casita de dos plantas en el pasaje donde la había visto toda mi vida estaba cerrada a cal y canto esperando un buen comprador que decidiera rehabilitarla. Ahora su residencia estaba en las antípodas de la ciudad. Los Jaramiles era una lujosa urbanización en la zona este de La Ciudad donde muchos nuevos ricos se habían afincado pagando precios desorbitados por el terreno Realmente yo no sabía cómo llegar. Hasta entonces nadie me había invitado a barrio tan selecto pero a Ana si por lo que me recogió en su Jaguar y llegamos sobre las ocho y media de una calurosa tarde de mayo. Tras identificarnos y ser identificados en una barrera de control con guardias de seguridad armados y perros amaestrados para comerse las pelotas de los curiosos, nos adentramos en un curioso universo de mansiones a cual más pomposa, a cual más cara. Todas con vistas al mar. Todas con amplios jardines y árboles exóticos que parecían haber estado allí toda la vida. Pero ni un alma en las calles. Me reafirmé una vez más: el dinero te hace solitario.
En la parte más alta de la urbanización estaba el nuevo hogar de Madame Aurora: un peculiar casa victoriana que contrastaba con todo lo que tenía a su alrededor. Tenía la estructura de la típica mansión de película de terror ambientada en la costa este norteamericana: porche acristalado, amplias ventanales en la planta superior, torreón espigado y cuidada cristalera.
Pero Madame, siguiendo su particular estética que tanto llamaba la atención cuando vivía en el barrio, la había pintado de un rosa fuerte y rematada con blanco nata. Y así la casa perdía gran parte de aspecto misterioso y sobrenatural labrado en miles rollos de celuloide, transportándola a un reino
mágico de unicornios violetas y hadas de largas melenas de peluquería barata.
Aparcamos justo en la cancela de entrada. El jardín delantero giraba entorno a una gran fuente donde unos angelotes bien cebados perseguían a tres niveles de altura diferente a unos patitos con los picos abiertos por los que salía chorritos de intensidades variadas. Este espectáculo acuático era observado con atención por docenas de enanitos de jardín que delimitaban diferentes caminos sobre un césped muy cuidado. Nunca había visto tantos enanitos de jardín juntos. Había de todo tipo: de piedra gris, de piedra blanca, pintados hasta el mínimo detalle, de plástico verde rancio, de plástico color butano, de madera gastada y hasta trasparentes. Todos ellos dedicados a las más variopintas profesiones de jardín o mina o a sus tareas más intimas como el que se cepillaba los dientes mientras estaba de cuclillas soltando el vientre. Hasta ese momento Ana y yo habíamos cruzado un par de palabras.
Aunque no me lo confesara sabía que aquel encuentro con el más allá era algo muy importante para ella al tiempo que le tenía un gran respeto, por no decir miedo. Pero cuando íbamos acercándonos a la puerta de la casa flanqueados por un enanito con un pico y una brújula y un primo hermano de David el gnomo borracho como una cuba, Ana me dijo:
- Y estos enanos... ¿los tenía en la casa del barrio? - parecía que quería sacudirse el nerviosismo que la atenazaba desde que se bajó del coche.
- En su casa no recuerdo habérmelos encontrado - dije muy serio mientras miraba a los enanitos como si intentara reconocerlos y al segundo comenzamos a reírnos - Realmente su casa estaba repleta de esas figuritas muy pequeñas de barro pintadas de las que hay penitentes, gitanas, toreros, guardias civiles, médicos... ¿te acuerdas?
- Si, claro. ¿Esas que no miden más de un dedo de alto y las caras son como muy naif? Mi hermano tenía un árabe con un camello.
- De esas tenía lo más grande. Cuando iba con mi madrina a verla me pasaba las horas mirando figuritas en las diferentes repisas que tenía por toda la casa - en ese momento me vi con mis zapatillas paredes y mis pantalones de tergal marrones frente a una estantería que subía desde el suelo hasta el techo fijándome en todos los detalles que aquellas figuras tenían y escuchando la voz de mi madrina diciéndome "Se mira pero no se toca" - Me llamaba mucho la atención una que tenía solo con figuras de guardias civiles. Cada una era diferente y tendría por lo menos cien. Su marido era guardia pero murió relativamente joven. Por lo que me dijo mi madrina, el hombre era bastante chapado a la antigua y no le gustaban nada las prácticas de su esposa. Por eso...
- Buenas noches - sin darnos cuenta una muchacha alta, morena de piel, pelo largo recogido en una coleta y vestida con una túnica color turquesa nos observaba desde el porche - Imagino que serás Rubén el ahijado de Doña Ángela - dijo aquella muchacha de no más de treinta con ojos felinos y voz severa.
- Si - respondí bastante cortado ante aquel bellezón que me miraba firmemente a los ojos.
- Madame os espera. Por favor, dejad los zapatos en el porche y enjuagaos los pies en esas piletas. Las toallas están en los taburetes junto junto al balancín. - la tono de la chica parecía la de una azafata de vuelo en el momento de explicar como abrochar los cinturones. El agua tenía un suave aroma a azahar muy agradable aunque, al contacto con el agua, la piel comenzara a picar. Me sequé concienzudamente y entramos a la casa siguiendo a la joven.
El recibidor era una capilla a un barroquismo santero muy particular. La habitación no era excesivamente amplia en proporción al tamaño de la casa y tenía una puerta por cada una de sus paredes. Estas estaban completamente recargadas con fotos de personajes conocidos junto a Madame Aurora, estampitas de santos clavadas con chinchetas juntos a caros iconos griegos, aún más caras xilografías con dioses chinos y mil cosas más que mis ojos eran incapaces de reconocer en un primer vistazo. Pues el segundo no me dio tiempo a echarlo al
pasarnos por la puerta de la izquierda a una sala oscura iluminada por media docena de altas velas verdes.
- Por favor, sentaos sobre las esteras y dejad vuestra donación en la bandejita. Madame llegará en breve - Ana y yo nos miramos y nos sentamos sobre las esteras. Yo con los pies cruzados como si fuera un apache. Ana sobre sus rodillas como si fuera un musulmán. Sacamos sendos sobres cerrados y los dejamos donde la chica nos había indicado. Yo había advertido a Ana hacía un par de días: para Madame sus servicios siempre tenían que ser recompensados ya fueses un anónimo millonario o una persona tan próxima como mi madrina.
Era su manera de ganarse la vida y sus principios no le permitían crear excepciones. Eso si, no había cantidad preestablecida. La voluntad dejada por el cliente marcaba la voluntad de Madame para volverte a ver en el futuro. Y tenía una memoria excelente. Ana lo comprendió perfectamente pues, a su manera, ella también era así.
La habitación olía a incienso de iglesia con un toque suave a alcanfor que se me metía por las fosas nasales y me daba la sensación que estaba chupando una de esas bolitas que metía mi madre en la ropa. Busqué la complicidad de Ana pero ella tenía la vista perdida en la oscuridad frente a nosotros y no parecía molestarle aquel tufo. Estuvimos un par de minutos en completo silencio que se vio interrumpido por una música suave de arpas, xilófono y algo parecido a campanillas. La música venía desde detrás de nuestras cabezas y ante otra
actividad mejor me giré para buscar el altavoz. No se veía absolutamente nada pero me esforcé por encontrar la fuente del sonido. En plena concentración frente a la oscuridad me sorprendió la voz estridente de la señora Aurora.
- ¡¡¡Rubén!!! Rubenito. ¿Como estás mi niño? - giré la cabeza y casi la tenía encima. Con una inmensa bata roja con filigranas plateadas, un par de collares dorados llenos de símbolos esotéricos , sus manos cargadas de anillos y sus pelos cardados hasta el cielo, Madame Aurora me dio los mismos dos besos de huevo frito que me había dado todas las veces que acompañé a mi Madrina a su casa. Me abrazó y me apretó como si fuera un pelele y notaba como se alegraba de verme más de lo que yo podía esperar. La señora Aurora no tuvo hijos. Ella decía que la habrían hecho muy feliz y cuando íbamos los de sus amigas siempre era muy cariñosa con nosotros y tenía algún detallito que a mi siempre me hacía mucha ilusión. - Déjame que te vea bien. - realmente me sorprendía que pudiera reconocerme con las luces tan tenues de las velas - Estás guapísimo, como siempre. ¿Cómo están tus padres? A tu madre hace un siglo que no la veo. Tu padre no se quiere jubilar ¿eh? Pues el se lo pierde. Y que sepa que no va a heredar la silla. ¿Tu hermana bien? Ya me han dicho que ha vuelto a cambiar de novio. El otro tenía una pinta mu'mala
pero claro si se hubiera quedado aquí y no le hubiera dado por viajar... Con tu madrina hablé ayer. Estaba achacosa con la cadera. Pero a quién se le ocurre meterse en eso de los
bailes con su edad. Yo ya le he dicho: te vienes a mi casa y como dos reinas viendo el mar y comprando por la teletienda. Pero es más rancia que ni sé y parece que fuera del barrio le
cuesta respirar. Y yo quiero mucho a mi barrio pero esta casa no la cambió por
na'. ¿Has visto que bonita? La he
arreglao yo enterita. Contraté a un diseñador pero lo único que quería es que nos fuéramos al extranjero a ver cosas y a gastar. Y para gastar estoy yo. Con el trabajito que me ha
costao hacerme con un nombre en este mundo como para que la sanguijuela moña se lo coma con sus amigotes. Lo mande a la
M, me compré unas revistas y me metí en el Internet ese y todo fue coser y cantar. Pero bueno, ¿y tu cómo estás?
No recordaba la facilidad de la señora Aurora para formular mil preguntas y respondérselas en medio minuto. Ana estaba alucinada y yo sonreía ante aquella regresión a mis nueve años. Mi respuesta fue tan timida y breve como entonces:
- Pues bien.
- ¿Sigues trabajando con los americanos esos? - ahora venía el interrogatorio que hacía de la señora Aurora una de las fuentes mejor informadas de la ciudad rivalizando con policía y mafiosos.
- Lo dejé. Ahora estoy por mi cuenta.
- ¿Y eso tuyo da para vivir bien? - para una persona tan relacionada con lo ultrasensorial era chocante lo importante que le parecía todo lo terrenal y más aún lo pecuniario. Era generosa pero al tiempo ambiciosa y allí donde hubiera un duro estaba ella para reclamarlo. Tal vez vivir con la pensión de viuda de un guardia y una madre achacosa durante muchos años te hace mirar allí donde otros no miran.
- Para vivir. Lo de bien depende del mes.
- ¿Pero estás contento? Por que ya sabes que no tienes nada más que decirme y te coloco en un sitio bueno y te despreocupas. Y con lo listo que tu eres mañana eres capitán general y le das un alegrón a tu madrina que está muy preocupada por ti.
- Muchas gracias. Por ahora no es necesario. Y a mi madrina lo que le gustaría es que me casara y ya sabe usted que cuando uno ha estado tan cerquita como estuve yo ahora hay que pensárselo mucho.
- Ya ves. Ya me gustaría que esta encontrara un buen maromo y me diera una alegría. - dijo señalando a la oscuridad donde no se veía nadie. - Sabes quien es ¿no? - me miró a la cara y vio mi duda - ¿Que no te acuerdas? Acércate niña - nadie salió de la oscuridad - Vamos acércate. No me seas tontona. - la muchacha salio de la oscuridad mirando al suelo y se puso a un metro de la espalda de su tía. - ¿De verdad no la reconoces? Es
La Pauli. La hija de mi hermana Amparo.
Recuerdos cogidos con pinzas me vinieron a la cabeza. Pauli era una niña con pinta agitanada que tendría cinco o seis años menos que yo, muy calladita y esquiva y que siempre andaba por casa de la señora Aurora haciendo trastadas. La señora Aurora decía que era satanás con faldas y mi tía le quitaba hierro aludiendo a lo que tenía en casa: un padre alcohólico y parado que maltrataba continuamente a la madre e ignoraba a la hija. Un día el padre fue a por tabaco y nunca más se le vio el pelo. Pero para desgracia de la niña, la madre murió poco tiempo después y doña Aurora se hizo cargo de ella buscándole que la niña tuviera la mejor de las educaciones pese a sus precarias condiciones económicas por lo que parte de su infancia y adolescencia los pasó como interna en un colegio de religiosas. A partir de entonces no supe más de ella.
- Si claro. - dije con tono de compromiso - Claro que la recuerdo. ¿Que tal estás? - Aquello sonó de lo más falso que haya dicho en mi vida.
La chica ni me miró a la cara y mucho menos me respondió. Pero Madame Aurora no vio ningún obstáculo para continuar con su cháchara- ¡¡ Hija que pavisosa eres !! Si Rubén es más de la familia que los de la familia. Estarás hartita de escuchar sobre él pues su madrina lo tiene siempre en la boca y desde que volviste no hago más que decirte que tenemos que llamarlo para que dejes un ratito tus libros y salgas un poquito. - después de la reprimenda que la chica escuchó sin inmutarse, volvió conmigo
con su habitual sonrisa de oreja a oreja - Pues aquí donde la ves, la nena tiene cuatro carreras, habla seis idiomas y ha sido profesora en Salamanca y la Sorbona. Pero ha vuelto a casa cuando... descubrió que también tenía el don familiar. Y qué mejor profesora que su tia, la más renombrada médium del sur de Europa. - si en algo chocaban mi madrina y su intima
amiga Aurora era en la desmesurada autoestima y narcisismo que tenía
la bruja, como cariñosamente se la conocía en casa - Y tengo que reconocer que es una alumna de primera y dentro de poco será mucho mejor que esta vieja loca - entre los reflejos de las velas un atisbo de rubor apareció en la cara de la joven - Pero, a todo esto, no me has presentado a tu amiga. - Todo aquel tiempo Ana había asistido atónita a la palabrería de Madame Aurora y yo no había caido en que eran desconocidas. Ambas llevaban muchos años en mi vida y se me hacía extraño que no se conocieran. Fallo gordo
- Cierto, cierto - intenté arreglar la situación con prisas - Ella es Ana, compañera de mis días de instituto y amiga desde entonces- ¿Amiga? - dijo con picardía Madame Aurora pero al ver mi cara de apuro continuo - Si, si, todo me dice que sois solo los mejores amigos del mundo...
- Encantada de conocerla Madame Aurora. Es usted toda una celebridad local - en mala hora Ana dijo la palabra local
- ¿Local? - dijo airada Madame moviendo la cabeza en signo de negación de un lado a otro - ¿Que me dices niña? Mis servicios se requieren en todo el mundo. Hasta mi vienen jeques árabes, multimillonarios japoneses, terratenientes norteamericanos sin nombrar a toda la realeza de Europa, Asia y Oceanía - hasta aquel día no conocía a la nobleza oceánica pero si la señora Aurora lo decía la tendría que creer. - Y eso que no tengo ni idea de inglés, ni de árabe ni de chino... pero me buscan por que saben que mis contactos son reales. Muchos
casos he resuelto para Interpol, Escorlanyar y la CIA. No te equivoques niña, que os atienda con tan poca antelación no es más que una deferencia con este
pimpollo al que vi nacer y hacerse un hombrecito. - Madame Aurora se había cabreado más de lo que esperaba y cuando iba a poner un poco de freno Ana intercedió suavemente
- Perdone señora. Nada más lejos de ofenderla. Cuando me refería a local, no me refería a su reconocimiento profesional. Ni mucho menos. Me refería a que es una persona muy querida y reconocida en La Ciudad más allá de sus habilidades sobrenaturales. Por motivos profesionales trato con gente muy diferente y todo el mundo coincide en que es usted una señora de los pies a la cabeza, generosa y amiga de sus amigos - la cara de la médium iba cambiando por momentos pero en sus ojos había un atisbo de duda ante las palabras de la muchacha que ella consideraba la había ofendido gravemente. Pero Ana no quería que quedase ni la más mínima duda sobre ella - Sin ir más lejos hace un par de días comenté ante la señora de Ricardo Gómez, el propietario de la constructora HYGARSA y mi jefa, Elena Cornellá que hoy la visitaría y no se puede imaginar la de flores que le echó la señora de Gómez. Nos dijo que usted le había ayudado donde nadie podía ayudarle y no fue gracias a sus poderes. Hubo un momento que se le escaparon las lágrimas...
- Pilarita es muy amiga mía desde hace muchos años - la voz de doña Aurora estaba cargada de sentimiento. Ana había logrado arreglar la situación pero me sentía como un pelele pues en ningún momento me comentó nada sobre esa conversación. Ni de ninguna otra sobre Madame Aurora. Ana era una chica de recursos y alcanzaba sus objetivos pesase a quien pesase. Era algo que yo olvidaba con demasiada facilidad y un día me traería consecuencias negativas. - Y si le he ayudado en este y en el otro mundo. Tal vez, pese a todo el dinero que tiene, más en este que en el otro. Cosas de la vida.- y retomando su tono más cariñoso nos dijo - pero ahora a quien tengo que ayudar es a vosotros. Un contacto ¿no?
- Si - dijo Ana tomando la iniciativa en las conversaciones con Madame
- ¿Alguien querido? - Madame cambiaba suavemente de voz a un tono más serio conforme íbamos entrando en las fronteras de lo profesional.
- Si. Un compañero del instituto - replicó Ana con rapidez.
- ¿Algo más?
- Si, bueno, durante un tiempo salimos juntos. Pero cuando se marchó ya no estábamos juntos
- ¿Pero le querías?
- Si - Ana fue un resorte.
- Eso es lo que al final realmente cuenta pues desde la otra parte esa es una de las pocas cosas que se pueden sentir. ¿Y hace cuanto que se fue?
- Hace casi veinte años - dijo Ana como si hubiera contado cada día desde la ausencia de Sil.
- Ya hace algún tiempo... y ¿por qué queréis encontraros con el ahora?
Ana se quedó en silencio. Entendí que el raciocinio de Ana le impedía componer una respuesta a sus oídos creíbles para aquella pregunta.
- Silvestre se nos apareció hace algunas semanas cuando estábamos cenando un grupo de amigos.
- ¿Apareció? ¿sin invocarlo?
- Así fue. Entro en el reservado del restaurante donde estábamos. Habló con nosotros unos minutos y se... disolvió - Los ojos de la muchacha se abrieron de par en par mientras
escuchaba mi escueto relato del encuentro con Silvestre.
- Una aparición espontanea. Ya veo. ¿Y de que os advirtió?
- ¿Como sabe que nos advirtió de algo? - dijo Ana muy sorprendida
- Mi niña. Llevo en este
mundo desde hace ya unos añitos y una aparición espontanea se produce para advertir y tiene un coste muy alto para el aparecido. Un coste tan alto
como para nosotros podría representar la vida. Pero no perdamos el hilo, ¿de qué os advirtió?
- La ciudad está en peligro.
- Tía... - Pauli se disponía a hablar pero la mirada firme de su tía la hizo callar.
- Si hija. Vamos paso por paso. Y vuestro propósito hoy es que lo invoquemos y podáis volver a hablar con el.
- Exacto. - aquella respuesta me hizo ver a Ana como una niña que espera impaciente en la Noche de Reyes. Rompía con su imagen de mujer autosuficiente y distante que
- Desde este momento os advierto que será difícil encontrarlo y más aún que quiera hablar con nosotros pero...
- Se que querrá hablar conmigo - interrumpió Ana
- Si posiblemente el quiera hablar contigo pero no bajo las condiciones que pueden rodearlo en estos momentos. Está débil y en las fronteras más allá de la vida todos tienen un
enemigo que quiere acabar con él. Pero lo intentaremos, con las precauciones oportunas, lo intentaremos. ¿Habéis traído algo que lo recuerde o algo de él?
- Tengo esta foto suya - y sacó de su cartera una gastada foto de carnet con la cara sonriente de Sil.
- Servirá. Paula, por favor, prepara los elementos, es el momento de visitar el Cuarto de las Voces .
Continuirá... en breve, espero
El Escapista, 05.18.08 @ 03:22 PM CST [
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