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03/05/2006: "Palomar"
music: Cualquier tema de Los Lobosmood: Social
Periódicamente paso unos días en Palomar. Perdido por sus calles de
tierra, sus selvas espesas y sus ídolos de no se sabe bien que era.. Me escapo a San Fideo y a Felix y, en ocasiones, doy con mis huesos en LA. Y lo mejor que siempre es una experiencia nueva aunque la lleve realizando desde hace mas de quince años pues me lleva el mejor de los anfitriones: una tal Beto Hernández, historietista de profesión que junto a su hermano Jaime crease hace casi veinticinco años uno de las mas grandes revistas (y no solo por su formato :-) que el comic alternativo americano ha dado. Y en esa mezcla de culebrón, ci-fi y realismo mágico los habitantes de Palomar brillan con luz propia. Las historias que se desarrollan el ficticio pueblo fronterizo al norte de México son mezclan presente y pasado a partes iguales permitiéndonos ver como los personajes crecen, el pueblo muta, los extranjeros viene y van y, en si, la vida en su estado puro. Y tras todo este crisol de historias un personaje casi omnipresente que marca a jóvenes y viejos, foráneos y forasteros: Luba, la india. Mujer de proporciones más
allá de lo rubenesco, de personalidad arrolladora y pasado mas que
turbio, Luba, su familia y sus amores son los ejes sobre los que la historia de Palomar se desarrolla sin perder ninguno de los otros personajes una pizca de su encanto, su magia o su sabor. Me cuesta elegir entre “Pies de Pato”, “Ecce Homo” o el “Diastrofismo Humano”, todas las historias tienen ese mitad familiar mitad ilusión que las hace que te llegue. Siempre en blanco y negro, siempre fáciles de leer, siempre de trazo claro y funcional, las historias de Palomar son lecturas amenas, cargadas de emotividad y de efectos laterales que te dan que pensar.
Palomar es una opera chicana en la que los personajes entonan sus
penas, sus miedos y en sus deseos con ironía, melancolía y, un "poquito", de gran pena. Por eso la leeré fielmente cada dos o tres años pues con la edad se aprecia mejor la partitura del maestro Gilberto “Beto” Hernández.